Su vida
Eva Perón nació en Los Toldos, provincia de Buenos Aires el 7 de mayo de
1919 y fue anotada con el nombre Eva María Ibarguren Su madre era Juana
Ibarguren y su padre Juan Duarte, que era el encargado de la estancia La Unión
donde vivía la pareja con sus cinco hijos.
Poco después del nacimiento de Eva, Juan Duarte regresa a Chivilcoy, de
donde era originario, y donde vivía su esposa legítima y sus tres hijas. En
1926 Duarte muere en un accidente de tránsito. Doña Juana, como acostumbraban
llamarla, luego de un breve tiempo en Los Toldos, se trasladó a Junín donde
tenía pensionistas y trabajaba como costurera para mantener a su familia.
El 3 de enero de 1935, cuando tenía 15 años, Eva tomó el tren a Buenos
Aires. Según algunas versiones partió de Junín con el cantante de tangos
Agustín Magaldi; sin embargo, la mayoría de sus biógrafos consideran que
viajó sola y en Buenos Aires la esperaba su hermano Juan. De cualquier manera,
Magaldi la apoyó durante los primeros tiempos. Su ambición en aquel entonces,
era ser actriz y consigue en 1936 un pequeño papel en la Compañía de Eva
Franco. Un año después comienza a actuar en radioteatros.

Eligió Eva Duarte como nombre artístico como se observa en esta
publicidad de la compañía de radioteatros que encabezaba en radio
Belgrano
Conoció a Juan Perón en 1944 durante el Festival que, a Beneficio de las
víctimas del Terremoto de San Juan, se realizó en el Luna Park de Buenos
Aires. Varios se adjudican el protagonismo de la presentación entre Perón y
Evita, entre ellos Roberto Galán que oficiaba de locutor en el festival. Su
romance se hizo público y, pese a los duros cuestionamientos de sus camaradas
de las Fuerzas Armadas, Perón se casó con ella poco después del 17 de octubre
de 1945. Para esa ocasión se empleó su "nueva partida de nacimiento"
que decía que María Eva Duarte había nacido en Junín en 1922. Fermín Chaves
sostiene que el cambio de fecha no fue para quitarse años sino porque para 1922
ya había muerto la legítima mujer de Duarte y, registrando el apellido y la
fecha de esta manera, dejaba de ser tanto "una hija no reconocida"
como "el producto de una relación adúltera".
A los 26 años se convirtió en la Primera Dama y asumió un protagonismo
infrecuente para una mujer. No sólo acompañaba a Perón en las giras y visitas
sino que, entre sus propias actividades estaba la de atender a los gremialistas,
tres veces por semana en la Secretaría de Trabajo, antiguo bastión del
General.
En 1947 fue designada presidente de la Comisión Parlamentaria Pro-Sufragio
Femenino. El Congreso concedió el voto a las mujeres el 23 de septiembre de
1947 y lo presentó como un logro personal de Evita. Ese día se realizó un
acto en la CGT donde ella fue la principal oradora. Su biógrafa Marysa Navarro
considera a ese momento como la verdadera consagración popular, su propio 17 de
octubre. Había obtenido en pocos meses lo que a las socialistas les llevaba 30
años de infructuosa lucha.
Comienza su repercusión internacional. Ese año aparece en la revista Time y
efectúa una gira de dos meses y medio por Europa. Los diarios siguen sus
movimientos como si fuera un alto funcionario.
Para el historiador Félix Luna, 1950 (Año del Libertador General San
Martín) representó para Eva honores, reconocimientos, el de mayor poder y el
último de buena salud. Desarrollaba una intensa labor desde la Fundación de
Ayuda Social María Eva Duarte de Perón. En 1951 se realiza el Cabildo Abierto
donde se intenta proclamar la formula Perón-Perón promovida por la
Confederación General del Trabajo. El palco oficial, con dos grandes retratos
de Perón y Evita y la sigla de la CGT, se levantó la intersección de la
Avenida 9 de julio y la calle Moreno. Fue una de las mayores concentraciones de
la historia argentina. Dos millones de voces le piden a Eva que acepte la
candidatura a la vice-presidencia; candidatura fuertemente resistida por varios
sectores del poder. Evita procura declinarla expresando que "no renuncio
a mi puesto de lucha: renuncio a los honores". Sin embargo, la negativa
fue oficialmente anunciada el 31 de agosto en un discurso transmitido por radio
y esa fecha fue fijada anualmente como "Día del Renunciamiento".

El 17 de octubre de 1951 Perón sostiene a Eva por la cintura en el
balcón de la Casa Rosada. Su salud estaba notoriamente deteriorada. El día
siguiente fue declarado Santa Evita en lugar del clásico San Perón (o sea
"que trabaje el patrón").
La enfermedad comienza a mostrar sus signos y está indudablemente presente
en las palabras y las acciones del discurso del acto del 17 de octubre de 1951
que parece una despedida. Su última aparición pública fue el 4 de
junio de 1952, día en que Perón juraba por segunda vez como presidente de la
Nación. Le fabricaron un corsé de yeso y alambre para que pudiera mantenerse
erguida -que cubrieron con su tapado de visón- y le aumentaron las dosis de
morfina. De esta manera soportó de pie en un cadillac descubierto, el trayecto
entre el Congreso y la residencia presidencial saludando con su brazo en alto a
las miles de personas que se agolparon en la Avda. de Mayo para verla pasar.
Su muerte
La voz oficial anunció por la radio que a las 20.25 hs. del 26 de julio de
1952, Eva Perón pasó a la inmortalidad y agrega Félix Luna (1985) describe a los días que siguieron " como si una
gran tiniebla descendiera en todos lados". Llovizna incesante sobre
calles vacías, vidrieras a oscuras, los faroles de las calles cubiertos con
crespones negros, no funcionaban los transportes. Se decretó duelo nacional por
un mes y la obligación de mostrar señales de duelo. Cerraron los cines, los
teatros y todos los espectáculos, las radios transmitían exclusivamente
música fúnebre y los diarios orlaban su primera página con franjas negras. .
Fue velada durante 12 días bajo la Cúpula de la Secretaría de Trabajo. La
acostaron en un féretro con tapa de vidrio y la cubrieron con un sudario blanco
y una bandera argentina. Afuera la lluvia no se detenía y aquellos que querían
despedirse esperaban diez horas, helados, empapados y hambrientos haciendo una
larga cola que atravesaba cuadras y cuadras del centro de Buenos Aires. Medio
millón de personas besó la tapa de cristal. Hubo escenas de dolor frente al
ataúd, gente arrancada por la fuerza, gente atendida por las enfermeras de la
Fundación.
El 9 de agosto colocaron el féretro sobre una cureña tirada por 35
representantes sindicales en mangas de camisa, la transportaron primero al
Congreso, donde fue exhibida durante dos días y luego a la CGT que sería su
morada provisoria mientras se construyera el monumento. Durante el trayecto una
nube de flores eran arrojadas desde balcones: un millón y medio de rosas
amarillas, alhelíes de los Andes, claveles blancos, orquídeas del Amazonas y
crisantemos enviados por el emperador de Japón en aviones de guerra (Martínez
1996).
El embalsamador
Pedro Ara, un anatomista español famoso por haber conservado las manos de
Manuel de Falla como si aún estuviera tocando, fue convocado por Perón unas
semanas antes de la muerte de Eva a fin de encargarle el trabajo de conservar el
cuerpo. Ara observó a Eva en agonía. Su tarea comenzó unos 20 minutos
después de la muerte y duró unos tres años. Dispuso de un laboratorio aislado
en el segundo Piso de la Confederación General del Trabajo. Su labor fue
calificada como una verdadera obra maestra ya que logró conservar todas sus
vísceras. Luego que la revolución libertadora tomara el poder, temiendo que el
cuerpo de Eva fuera profanado, Ara realizó tres perfectas copias de cera y
vinil casi imposibles de distinguir del original..
El cuerpo nómade
Eloy Martínez en su novela Santa Evita (1996) cuenta con detalles el
peregrinaje a que fue sometido el cuerpo momificado de Eva Perón. Para muchos
era evidente el poder que tenía el alma de Eva ya que todos los que la
manipularon terminaron mal: el capitán Galarza quedó desfigurado cuando
con el coche que transportaba a Eva volcó. Murieron dos soldados y él sufrió
un corte en la cara de 33 puntos (uno por cada año de Eva). Arancibia terminó
en la prisión de Magdalena por haber matado a su mujer embarazada al
confundirla con un ladrón cuando escondía a Eva en un altillo del barrio de
Saavedra. El coronel Moori Koenig que amaba e injuriaba el cuerpo fue
primero confinado en el Golfo San Jorge, luego fue internado varias veces con delirums
tremens y por coma alcohólico. Mientras el cuerpo de
Eva deambuló por las calles de Buenos Aires, donde quiera que estaba aparecían
flores y velas.
Finalmente, la revolución libertadora decide darle un entierro cristiano y
es enviada en el barco Conte Biancamano con el nombre de María Maggi de
Magistris y enterada en el cementerio de Milán. En 1971 el cuerpo fue entregado
a Perón en Puerta de Hierro (Madrid) -el coronel encargado de esa tarea afirma
que hicieron tiempo para no llegar justo a las 20:25. Tres años después Isabel
Perón (presidente de la nación Argentina) trae de regreso los restos a Buenos
Aires y son ubicados en la capilla de la quinta presidencial de Olivos, junto a
Juan Perón. Con el golpe de estado de 1976, Eva es trasladada a una bóveda en
el cementerio de Recoleta donde se está su hermano Juan.
Santa Evita
Las circunstancias de la muerte de Eva Perón se asemejan a las de las
mujeres que fueron popularmente canonizadas: murió joven y tras una larga y
dolorosa agonía. Para sus detractores era un "castigo divino"; para
sus seguidores una mártir y "una santa por eso voló hacia Dios"
(Dujovne Ortiz 1996). Sus acciones, por otra parte, fueron comparadas con las
actitudes de Robin Hood: Evita le sacaba a la oligarquía para darle a los
desposeídos.
Para las clases sociales menos favorecidas, ella encanaba la reivindicación,
la lucha contra las injusticias, así como sus sueños y fantasías. Eloy
Martínez afirma que "su muerte fue una tragedia colectiva. Sin la Dama
de la Esperanza no podía haber esperanza. Sin la Jefa Espiritual de la Nación,
la nación se acababa" (1996:185).
Existió por una parte una canonización oficial: la foto de Eva estaba en
los altares y en los discursos de los diputados se deslizaban frases como "Evita
fue la santa hecha mujer", "la esencia semidivina de Evita y su
obra" (de la Luz Agüero), "Evita es blanca como los corderitos
y rubia como las mieses doradas del estío" (Astorgano) e incluso se
llegó a decir "inclinemos reverente la cerviz ante el nombre sagrado de
Eva Perón" (Ortiz de Sosa Vivas)
Los alumnos del primer grado de escuela primaria aprendían a leer con frases
como "Evita me mima" o con "Tengo, tengo, tengo/ tú no tienes
nada/ yo la tengo a Evita/ Santa y Adorada".
Pero más allá de la propaganda oficial, más allá de los sindicatos
que pedían al Vaticano la canonización de Eva, existía un genuino dolor
popular. Los hogares peronistas tenían sus propios altares donde las fotos de
Evita eran iluminadas con velas -cada noche a las 20:25 hs.- y estaban
permanentemente adornadas con flores. Treinta y cinco años después, pese a las
persecuciones y prohibiciones, fuimos testigos que estos altares aún se
mantenían en ranchos ubicados en las sierras de Tucumán y Catamarca. La foto de Eva, con sus
mejores vestidos de las galas patrióticas, seguía siendo considerada "El
Hada Rubia" y homenajeada con florcitas -a veces hechas en papel- y velas.
En la memoria de los seguidores, sobretodo de los lugares marginales y
lejanos del país, queda el hecho que "Evita fue la única que hizo algo
por nosotros". Los recuerdos hacen referencias a medicamentos, muebles,
juguetes, bicicletas, dentaduras postizas, anteojos, máquinas de coser, sillas
de ruedas para los afectados de la polio. También para mucha gente representó
la posibilidad de acceder por primera vez a zapatos, a una cama, a atención
médica o a la ilusión de conocer el mar o la montaña.
La intervención y posterior disolución de la Sociedad de Beneficencia fue
analizada como una venganza de Eva a raíz de la renuencia de las damas
patricias a nombrarla como presidente de la sociedad tal como era la tradición.
Sin embargo, la eliminación de esa institución le permitió a Perón
centralizar las distintas políticas sociales y a Evita cambiar la visión de la
beneficencia. El lenguaje ya no será de caridad y de paternalismo sino de
justicia social. "Cuando los ricos piensan en los pobres, piensan en
pobre". Quiere borrar la imagen de los huérfanos con cabezas rapadas y
guardapolvos grises pidiendo limosna con alcancías en las esquinas, quiere
hacer desaparecer la palabra "no reconocida" de los documentos de
identidad, quiere que las madres solteras tengan un hogar donde sentirse
protegidas.
Para todos aquellos que siente que Evita les otorgó dignidad no hay dudas de
su santidad. Un ejemplo de esto fue la entrega de las primeras mil jubilaciones
realizadas en julio de 1950 nada menos que en el Teatro Colón.
Por otra parte, la presencia de Eva creaba un aura a su alrededor. Ella no
tenía problemas en confundirse con la gente y para muchos tocar a Evita era
tocar el cielo. No dudaba en acercarse y besar a los leprosos, a los
tuberculosos, a los cancerosos (en aquel entonces pensaban que era una
enfermedad contagiosa) ni a los pobres vestidos con harapos hasta llenarse de
piojos. Dujovne Ortiz (1996) rescata el siguiente relato " Cierta vez, Irma
Cabrera había tratado de limpiar con alcohol la mejilla de Evita, que acababa
de besar a un hombre cubierto de pústulas. Pero la "santa", como la
llamaban cada vez con más convicción, le había arrancado la botella de las
manos y la había estrellado contra el piso".
Cincuenta años después de su muerte, las pasiones se van esfumando. Y si
bien el fin del mileño encuentra a la imagen y/o imágenes de Eva transformada
en protagonista de películas y musicales, también marca la presencia de
numerosas investigaciones serias donde se analiza la historia de Eva Perón con
relatos que ya no surgen del odio ni del amor que con igual intensidad supo
despertar. Hoy Evita ya dejó las estampas.
Homenajes
Nombraremos sólo algunos: los cuentos Esa Mujer (1965) de Rodolfo
Walsh y El simulacro de Jorge Luis Borges (en El hacedor 1960); el poema Eva de María Elena Walsh (en Canciones contra el mal de ojo 1976).
Las obras Eva Perón (1970) de Raúl Damonte Botana (Copi) estrenada
en París y Londres. En ambos casos el papel de Eva fue interpretado por
travestis.
Eva, el musical argentino con letra de Pedro Orgambide y música de
Fabero
Evita (1978) la ópera-rock de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber
Las películas Evita, quien quiera oir que oiga y de Juan Carlos
Desanzo con guión de Juan Pablo Feinman e interpretada por Esther Goris
Extraido del cdrom "ALMAS MILAGROSAS, SANTOS POPULARES Y OTRAS DEVOCIONES" por María de Hoyos y Laura Migale, Edición NAyA
Fuente:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/