En la década del setenta, Susana Chertudi y Sara Newbery definieron a las
canonizaciones populares como aquellas que tienen por objeto de culto personas
que han sido santificadas por el pueblo, es decir, que en su proceso de
canonización no había intervenido la Iglesia Católica como institución. Es
más, la Iglesia reprueba estas muestras de fervor religioso que suele definir
como supersticiones.
Las investigadoras centraron su estudio en la Difunta Correa que, por aquel
entonces y hasta hace muy poco, constituía la santa popular de mayor
veneración. Un análisis acerca de las canonizaciones populares a comienzos del
nuevo mileño muestra la aparición de nuevos santos, el incremento en el culto
de otros y la perdurabilidad de manifestaciones originadas hace más 150 años.
Este trabajo describe las circunstancias de cómo y por qué una persona que
llevó una vida común -incluso a veces hasta reprobable- se convierte luego de
su muerte en un objeto de culto religioso debido a que se cree que su alma se
encuentra en la gloria y que puede convertirse en intercesora ante Dios o
adquirir un poder sobrenatural capaz de hacer milagros.
También se analizan las diversas formas de manifestación de las
canonizaciones populares: los lugares de culto, las diferentes ofrendas, los
símbolos de cada santo, los ruegos más comunes, las promesas realizadas y los
castigos ante el incumplimiento, los diversos homenajes y evocaciones
artísticas, y las diferencias sustanciales con las canonizaciones oficiales de
la Iglesia.
Se presentan los nuevos santos populares y aquellos que perduraron a través
del tiempo: su vida, su muerte y las razones de su "paso a la
santidad". El texto es acompañado por 160 fotos originales tomadas por las
autoras y 20 fotos del Archivo General de la Nación. También incluye
fragmentos de temas musicales y de películas que tienen como protagonistas a
santos populares.
Devociones populares
Los "santos" objeto de nuestra investigación son un aspecto de las
comúnmente denominadas devociones populares. Estas devociones no suelen
pertenecer a cultos oficiales aprobados por el estado ni contar con el
beneplácito de las religiones tradicionales, sin embargo inspiran tal fervor
que en nada cuentan las opiniones institucionales. Tienen distintas
características, algunas son supervivencias de ancestrales costumbres
precolombinas como la Pachamama o el culto a los muertos; otras son producto de
la "santificación" de personas comunes, que a veces ni siquiera han
llevado una vida ejemplar, pero cuya muerte en plena juventud y en terribles
circunstancias es la que determina su nuevo status. También son objeto de
devoción manosantas y carismáticos, ya fallecidos, que consagraron su vida a
los necesitados.
Los protagonistas de esta veneración tienen en común que se les adjudican
poderes extraordinarios. Son capaces de conceder deseos, hacer milagros, otorgar
ayuda y también de castigar cuando no son recompensados. Pueden intervenir y
cambiar la suerte de los mortales. La Iglesia Católica muchas veces rechaza
abiertamente estas "supersticiones" y otras, mantiene una tolerancia a
disgusto, pero para los practicantes no existe ninguna contradicción entre una
y otra. El santo popular o la Pachamama se suma al panteón oficial y se le
rinde culto de la misma manera. Las ofrendas a la Madre Tierra comienzan con la
Señal de la Cruz y siguen con Padrenuestros. En las capillas destinadas a la
Difunta Correa se colocan estampitas de la Virgen de Luján y de San Cayetano.
En las oraciones a San La Muerte se le pide que actúe como intermediario ante
Dios Todopoderoso, y el Día de las Animas se les da de comer a las almitas mientras se reza la Novena por las Almas del Purgatorio. Son cultos sin
sacerdotes, practicados individual o familiarmente pero con el fervor que otorga
la fe.
Extraido del cdrom "ALMAS MILAGROSAS, SANTOS POPULARES Y OTRAS DEVOCIONES" por María de Hoyos y Laura Migale, Edición NAyA
Fuente:
Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA
http://www.cuco.com.ar/